Pedro Pablo Kuckynski – PPK ganó las elecciones presidenciales en el Perú en segunda vuelta a Keiko Fujimori por un margen nunca visto: 50.12% vs. 49.88% (42,500 votos sobre un total de 15 millones).

Los días posteriores a la votación solo trajeron incertidumbre por el conteo –tan insólitamente ajustado– de votos y sospechas de fraude. Pero también revelaron  una realidad muy preocupante acerca del respaldo político con el que comienza este nuevo gobierno.

Y es que PPK asume como presidente con un Congreso totalmente en contra, con grupos políticos que lo apoyaron durante la campaña pero que ni bien cerraron las urnas le dieron la espalda y enfrentado al partido de Keiko que representa al 50% de la población, que tiene control total del Congreso y al cual insultó durante toda la campaña tratándolos literalmente de narcotraficantes y delincuentes.

Para quienes vivan en sistemas parlamentaristas hay que recordar que en el Perú es posibleun presidente de un signo político y un Congreso de otro, ya que se votan por separado… pero nunca se había dado tal desproporción.

“Para parte del electorado, PPK fue una “opción de descarte” y alternativa a Keiko”

Lo primero que hay que entender es que en este proceso electoral todo el debate político giró en torno a Keiko Fujimori. Para parte del electorado, PPK fue una “opción de descarte” y alternativa a Keiko.

En febrero PPK solo tenía 7% de intención de voto de cara a la primera vuelta. Era el cuarto y estaba lejos. Pero la impugnación por el Jurado Electoral de dos candidatos que ocupaban el segundo y tercer lugar en esa intención lo favorecieron de carambola.

En primera vuelta, Keiko Fujimori logró un respaldo del 40% de la población. En segundo lugar quedó el propio PPK con 21%, desplazando por 2%  de los votos a Verónika Mendoza, candidata de la izquierda radical, pro aborto y matrimonio gay, y entusiasta de los principios bolivarianos.

Ante una rival así, fue muy claro que en esa primera vuelta PPK tuvo votos prestados. Lo corroboran los resultados de la votación para el Congreso unicameral en los que el partido de Mendoza obtuvo más parlamentarios que el de PPK.

Por la forma particular de asignar escaños que tiene la ley peruana, el partido de Keiko Fujimori consiguió 73 congresistas, 56% del total. Frente Amplio, partido de Verónika Mendoza, obtuvo 20 y PPK solo 18. El resto lo completaron 3 partidos con menos representantes.

Otro elemento a analizar para entender la situación son los mensajes de las campañas de segunda vuelta. Mientras unos decían #MiVotoporKeiko, la campaña de PPK terminó identificándose con un muy sugestivo #KeikoNoVa o #NoaKeiko. En síntesis: Keiko sí o Keiko no. Las elecciones se trataron de Keiko y PPK solo fue un “dato anecdótico”.

El mismo día de las elecciones Verónika Mendoza, erigiéndose en representante de la izquierda radical peruana, reiteró su apoyo a PPK en segunda vuelta diciendo que era “un voto para cerrarle el paso al fujimorismo” (como se conoce al movimiento aglutinado alrededor de la familia Fujimori).

Algunas facciones de izquierda, concentradas en ONGs con mentalidad bolivariana, dijeron que votaban por PPK porque veían que su gobierno sería más débil y que esa circunstancia les permitiría sacar más provecho y prepararse buscar el poder en el 2021.

Keiko corrió por sí sola en segunda vuelta contra todos: contra Verónika Mendoza y el resto de candidatos de izquierda, contra los medios de comunicación, contra toda organización  de tipo abortista, feminista o LGTB, contra el gobierno de Ollanta Humala y Nadine Heredia, sus ministros y funcionarios,  o sea, todo el poder económico y mediático del aparato del Estado.

Por otro lado, con PPK presidente nos estamos acercando a un gobierno de una peligrosa inestabilidad política que tiene retos urgentes como combatir la inseguridad ciudadana y salir de la recesión económica que deja el gobierno saliente. PPK al mando del poder ejecutivo tendrá que negociar cada ley con sus adversarios en el Congreso.

En este sentido son muy elocuentes las palabras del propio presidente electo al conocer el resultado oficial de su triunfo el día 10 de junio: “Vamos a hacer un gobierno, ojalá, con la colaboración de todos los peruanos” (el subrayado es nuestro, pero representa el énfasis al hablar). Sin embargo, en los 5 días entre la votación y el anuncio del resultado oficial, las rencillas y la distancia con el partido de Keiko –su contrincante– y el de Verónika –su supuesta aliada– han aumentado en lugar de disminuir.

En su discurso aceptando la derrota, Keiko estableció que será oposición y que no formará parte del gobierno ni buscará un arreglo político similar. Con intensidad recordó la campaña de odio de la que fue objeto, la participación mediática y económica del gobierno saliente en su contra,  el encargo de más de 8 millones y medio de peruanos que, a la luz de los resultados, la ubican en la oposición, la diferencia entre su plan de gobierno y el de PPK.

Keiko planteó claramente que tomará distancia del gobierno de PPK. Y al final, apelando al sarcasmo, dijo que deseaba “mucha suerte a PPK y sus aliados de campaña, que como corresponde, estoy segura, sabrán mantenerse como aliados de gobierno durante los próximos 5 años”.

“La estabilidad de Perú va a depender de la capacidad de PPK para conciliar fuerzas enfrentadas y con una agenda cuando menos inquietante”

El sistema democrático está consolidado en el Perú: la gente de buena voluntad pondrá al país por delante y respetará los resultados oficiales. Pero eso no evitará la estabilidad política del gobierno entrante, que estará determinada por la capacidad de PPK de conciliar con fuerzas muy enfrentadas y, en algunos casos, con una agenda cuando menos inquietante.

Definitivamente no parte con condiciones favorables para lograrlo. Hasta ahora PPK se ha destacado como técnico, no como político. Su propio partido no ha estado exento de riñas internas, a duras penas zanjadas por su líder, y más bien superadas por la motivación de ganarle a Keiko.

El “ojalá” de las primeras palabras de PPK tras conocer los resultados oficiales de las elecciones es un deseo compartido por muchos pero que, por ahora, se vislumbra difícil, muy difícil.

Fuente: Vota Valores